jueves, 8 de septiembre de 2016

AMA LO QUE HACES


EL AMOR ANDA SUELTO CON PINCELES EN LA MANO


Puedo verlo y convertirme en miel, creerme dulce e intentarlo. Intentar verme reflejada como en miradas pasadas. Puedo convencerme y quedar obnubilada, puedo rozar su boca y sentir mil fuegos mas que tocándola porque se que no necesito tocarlo para sentirlo, ni sentirlo para saberle.
Puedo sentirme fusionada e invencible sabiendo que cuento consigo, como también consumida con creerlo lejos mío. Logra generar un eficaz viaje insaciable de renaceres sentimentales que me quitan lo cuerda, que entregan de mi un potencial desconocido.

Me mantengo inmersa en el vaivén de su encanto; en la brisa que engarza sus cualidades como así también en el crujido de sus puntos débiles. Es torrente, tormenta.  Calma y tempestad, necesidad y capricho. Un complemento perfecto por no decir, de hecho, necesario.

Y aquí nadie es dueño del tiempo ajeno, pero sin buscarlo lo logra. Convierte lo etéreo en aquello exacto que buscabas. Deja evidenciado el gustar de la corporeidad en su ser. Ese ser que te hizo volar y explosionar el querer con la razón, ensimismó la locura y la cordura y las hizo una.

Hendió camino a lo inimaginable y ahora yo, puedo, mojada de él, caminar la ciudad. Mojada y sonriendo. Puedo todo, puedo saborear por momentos el gusto de sus labios, la mueca de su boca al despedirse, el decir de su más sincero pensamiento.

 Y ya no puedo, después que lo pude todo; ya no puedo no probarlo una vez más.











































 

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