sábado, 10 de enero de 2015



A doscientos metros por hora, a toda ostia. 
Vas a tu aire, nadie ni nada puede molestarte, 
pero de repente aparece alguien que cambia tu vida, 
alguien que tan solo va a treinta por hora pero que puede hacer que cambies, 
que tú te pongas a su ritmo, y ella al tuyo. 
Te enamoras, 
y cuando estas enamorado, empiezas a apreciar mucho mas cada detalle, 
hasta el que no tiene importancia. 
Te das cuenta de que hay un trofeo entre las botellas de cerveza, 
de que está sonando tu canción favorita, 
de que... 
De que la mujer que te sirve en la barra se fugaría contigo... 
Esa chica, hace que vaya despacio, 
y hace que me sienta bien.





























No hay comentarios:

Publicar un comentario